Millones de personas experimentan molestias digestivas con frecuencia.
La digestión no empieza en el estómago
Empieza mucho antesTodo lo que comes recorre una ruta perfectamente coordinada antes de convertirse en energía para tu cuerpo.
Boca
Aquí empieza la digestión. Al masticar, los alimentos se mezclan con la saliva, que ayuda a empezar a descomponerlos y a prepararlos para seguir su camino.
Estómago
El estómago recibe los alimentos y los mezcla con ácido y enzimas digestivas. Esta parte es clave para empezar a descomponer proteínas y preparar lo que comemos para ser absorbido después.
Páncreas
El páncreas libera enzimas que ayudan a digerir grasas, proteínas y carbohidratos. Es como un apoyo silencioso que ayuda a que los alimentos se transformen en nutrientes.
Vesícula biliar
La vesícula almacena y libera bilis, una sustancia que ayuda a procesar las grasas. Gracias a ella, el cuerpo puede digerir mejor comidas con aceite, lácteos, carnes o alimentos más pesados.
Intestino delgado
Aquí ocurre gran parte de la absorción. Los nutrientes de los alimentos pasan al cuerpo para convertirse en energía, reparación y funcionamiento diario.
Microbioma
Es el conjunto de microorganismos que viven en el intestino. Ayudan a procesar algunos alimentos, cuidar el equilibrio digestivo y apoyar una buena relación entre lo que comemos y cómo nos sentimos.
Durante años aprendimos a asociar el ácido únicamente con ardor o molestias.
Un ambiente ácido adecuado participa en procesos como:
¿Qué tan ácido debe ser tu estómago?
Un estómago sano tiene un pH entre 1.5 y 2.0. Eso significa que puede ser incluso más ácido que el vinagre o un limón.
¿Por qué necesita ser tan ácido?
Porque ahí empieza toda la digestión. Sin ese ambiente ácido la digestión no arranca igual.
Cuando falta ácido...
Empieza el efecto dominó
Cuando el estómago no tiene el ambiente adecuado para digerir bien los alimentos por ejemplo, por una producción insuficiente de ácido puede comenzar un efecto dominó: la comida no se procesa correctamente y aparecen inflamación, gases, pesadez o sensación de llenura.
Como estos síntomas se vuelven frecuentes, terminamos normalizándolos, los atribuimos a un alimento específico o los calmamos temporalmente con un antiácido. Sin embargo, al no revisar la raíz del problema, el ciclo se repite con cada comida: aparece el malestar, tratamos el síntoma y seguimos adelante, mientras la digestión continúa funcionando de manera ineficiente.
Sabías que el ácido también...
✔
Activa
la pepsina.
✔
Ayuda a
absorber vitamina B12.
✔
Participa en
la absorción de hierro.
✔
Participa en
la absorción de zinc.
✔
Participa en
la absorción de magnesio.
✔
Ayuda a
activar la digestión de grasas.
La ciencia detrás de una buena digestión empieza con tres ingredientes.
Clorhidrato de betaína
El que ayuda a crear el ambiente adecuado.
Toda buena digestión comienza en un estómago suficientemente ácido.
El clorhidrato de betaína contribuye a mantener un pH ácido adecuado (entre 1 y 2), un entorno necesario para que el estómago pueda iniciar correctamente la digestión y activar procesos fundamentales del sistema digestivo.
Pepsina
La que ayuda a empezar a descomponer las proteínas.
Las proteínas necesitan romperse en fragmentos más pequeños antes de que el cuerpo pueda continuar el proceso digestivo.
La pepsina es una enzima que participa en ese primer paso y funciona únicamente cuando existe un ambiente suficientemente ácido dentro del estómago.
Zinc
El aliado que participa en la producción del ácido.
El zinc actúa como cofactor en procesos relacionados con la producción del ácido clorhídrico y también contribuye al mantenimiento de la integridad de la mucosa gástrica.

























